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Ayer por la noche nos invitaron de forma inesperada a un concierto de Chucho Valdés. O más bien debería decir un conciertazo. Acabé con un dolor increíble en las manos de tanto aplaudir.

El concierto fue, tal vez, la primera ocasión en mucho tiempo que pasé un buen rato sin hacer nada. Solo estábamos la música y yo. A veces mi marido me daba la mano, pero yo dejaba volar mis pensamientos al son de la música.

Anoche, escuchando la música, pensé que mi momento iba a llegar después de las fiestas. E incluso me hizo ilusión. Y la música era tan embriagadora que no dejó hueco para el miedo. Solo por una noche.

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