Las dichosas oposiciones

studyEste verano, preparando mi boda y justo después de haberme quedado sin trabajo, decidí que este nuevo curso tenía que estudiar oposiciones.

En el colegio pasé momentos duros y difíciles. Por una parte, yo soy muy dada a entregarme en exceso a mis proyectos, era mi primera vez dando clase durante un curso completo y quería prepararlo todo muy bien: cuando no estaba preparando clases, estaba corrigiendo exámenes o redacciones. Por otro lado, mis alumnos algunas veces se las traían y me hacían pasar malos ratos.

A pesar de los malos momentos, me encantaba ser profesora, charlar con los chicos en el recreo, partirme de risa con sus ocurrencias, explicar con mil comparaciones diferentes un concepto que se les resistía, insistir en que evitaran errores que siempre volvían a cometer y, sobre todo, su cara de alegría cuando los felicitabas por su esfuerzo dándoles una buena nota.

Por eso, ante un curso en blanco —me informaron de que no me renovaban en julio, así que pese a los muchos currículos que envié entonces es poco probable que me salga algún trabajo de profesora este curso— decidí que lo mejor era prepararme oposiciones. Lo malo es que con la crisis apenas se convocan oposiciones, y si salen será con pocas plazas. Pero la esperanza es lo último que se pierde, y si no consigo una plaza, al menos quiero intentar entrar en la bolsa de profesores interinos.

Total, que recién casada, a la vuelta de nuestro viaje de novios, desempolvé viejos apuntes y empecé de nuevo a intentar estudiar. Hay días que me va mejor que otros. He empezado con una preparadora que me sirve de mucha ayuda, y eso es un apoyo muy grande. Además, tengo una amiga profesora (de otra especialidad) que no hace más que animarme, y eso es muy importante para mí.

Ahora estoy un poquito agobiada. Nos acabamos de mudar de casa, y por eso no estudié nada la última semana de octubre ni la primera de noviembre. Aunque me esfuerzo por sacar horas siempre que puedo, de momento no consigo ponerme al día. Lo único bueno es que, aunque hay días que me cuesta y no siempre tengo ganas, a mí me gusta estudiar. Me agarro a eso como un náufrago a un trozo de madera. Espero poder decir pronto que ya estoy al día.

Y, dicho esto, voy a seguir estudiando. 🙂

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