La fauna de mi casa (I): Audrey

AudreyAudrey es mi ojito derecho. Cuando llegó a mi vida hace ocho octubres era solo piel, huesos y ácaros. Estaba muerta de miedo: solo tenía cinco meses, pero había vivido una experiencia traumática en su casa de acogida. Era una de estas casas incomprensibles para mí, donde por rescatar a animales de la calle ocupan cada centímetro cuadrado mezclando a animales sanos con enfermos… y un día alguien dejó abierta por descuido la puerta que llevaba al jardín, donde estaban los perros. Audrey fue la única en sobrevivir de una camada de seis gatitos. Pero todo eso lo supe mucho después, cuando meses más tarde me lo contó una persona que colaboraba con aquella asociación. Yo lo único que sabía era que Audrey tenía auténtico pánico al contacto, que pasaba los días bajo la cama y que apenas comía.

IMG_20121229_142208Sacarla adelante fue una lucha: sobre todo, intentar seducirla para que comiera probando toda clase de golosinas, pues el veterinario me había dicho que tenía que engordar al menos un kilo y medio (y eso, en una gata de tamaño pequeño, es mucho). Poco a poco fui ganándome su confianza, con la ayuda de una etóloga (especialista en comportamiento animal). Hoy, ocho años después, sigue siendo flaca y algo tímida, pero no se asusta de las visitas y si le caen bien se acerca a pedir cariñitos.

AudreyEn casa nos reímos mucho porque tiene una especie de radar conmigo: ella está tranquila en alguno de sus rincones favoritos, a veces en otra habitación de la casa, mientras nosotros cenamos. Cuando yo termino de cenar, me relajo un poquito y me apoyo en el respaldo del sofá. Pues no pasan ni tres segundos que Audrey aparece de la nada para tumbarse hecha un ovillito a ronronear en mi regazo.  Es nuestro momento especial.

Ya os lo he dicho al principio: es mi ojito derecho. La niña de mis ojos.

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8 comentarios en “La fauna de mi casa (I): Audrey

    • Yo quería un gato y me puse en contacto con una asociación protectora. No acabé contenta con ellos, porque nadie me informó de la historia de la gata y eso que sabían que era la primera vez que iba a tener un gato. Yo la saqué adelante porque soy muy cabezota, pero fue muy duro y me enfadé mucho cuando una voluntaria me contó la historia que tanto podría haberme ayudado a comprender a Audrey y sus necesidades.

  1. Ayyyyy Mer qué bonita??? te gusta mi Coqui para ella??? jajajaj podemos emparentarnos!!!

    Muy mal esa protectora…y no has podido hacer más al repecto???? que pena…
    Felicidades por tu gran labor…no era fácil tratándose de un gato.

    • Jajaja, me enteré el otro día de que ambas somos del sur, pero de esquinas opuestas. ¡Tendrían un noviazgo por carta, de los de antes!

      Sobre la protectora, no te puedes ni imaginar. No te dejaban visitar las instalaciones, te llevaban el animal a tu casa. Un amigo adoptó otra gata que se alojaba en la misma casa y murió año y medio más tarde por sida felino: se lo habían contagiado porque mezclaban a enfermos con sanos. Ambos intentamos hablar con ellos lo primero, denunciamos después… Al final fueron los vecinos los que consiguieron cerrar esa casa de acogida por insalubre. No sé si la protectora en sí seguirá funcionando.

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