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Maquetando… papel y web

No, no estoy de parranda. Ni siquiera durmiendo la resaca de unas oposiciones durísimas que aún no sé si han terminado para mí. Estoy trabajando en dos proyectos: uno laboral y otro personal.

¿El laboral? Me hicieron un encargo de maquetar un libro, y lo he ido posponiendo por culpa de mi examen. Para quien no lo sepa, soy una futura mamá polifacética, y una de las cosas con las que intento ganarme la vida como autónoma es maquetando, lo que en el idioma de los mortales se llama darle a un archivo de Word forma de libro: cómo va a ser la letra, los márgenes, el titulito del capítulo, dónde metemos esta foto… La mayoría de la gente no sabe ni que eso es un trabajo. ¡Sí señores, en las editoriales y en las imprentas hay personas que se ganan su sueldito haciendo eso! Pues bien, aquí me tenéis, peleándome con un librito que creo que va a quedar muy mono (aunque me da pena que el autor no quisiera corregirlo también, que está lleno de errores).

¿Y el proyecto personal? Pues mirad, estoy maquetando… pero esta vez web. Sí, señores, me he liado la manta a la cabeza y he decidido que me encanta wordpress, pero estoy harta de las limitaciones de su versión gratuita y me paso a wordpress autoalojado, con dominio y todo. Ilusa de mí, después de la experiencia de Una Mamá Muy Feliz yo seguía pensando que lo mío iba a ser fácil, al fin y al cabo yo migro desde la misma plataforma… Pues en parte lo ha sido, pero yo me empeño en cambiar un par de detallitos que se me están resistiendo. ¡Y los plugins! Los benditos plugins se han inventado para tortura de las perfeccionistas como yo. Aquí me tenéis, buscando qué botones sociales para compartir las entradas del blog son más monas y más eficaces. Y aún no lo encuentro…

En fin, que ando requeteliada, que esperaba escribir el resumen semanal de esta semana ya en mi nueva morada virtual, pero no las tengo todas conmigo… Seguiremos informando.

Minientrada
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Hace tiempo que quiero contaros algo sobre mi fecha prevista de parto: el 17 de octubre. Hasta ahora no he sabido hallar el momento, pero pensando en que la semana que viene probablemente sabremos el sexo del bebé y va a haber cosas más importantes de las que hablar, he decidido que ha llegado la hora.

Yo soy doña fechas, los acontecimientos importantes se guardan en mi mente para siempre asociados a ese número y es muy difícil que lo olvide. Creo que nunca sería capaz de olvidar mi fecha prevista de parto (sea cual sea el día real del nacimiento de mi bebé), pero es que encima la que me han dado a mí (17 de octubre) ya es especial porque algo muy importante me pasó aquel día.

Hace casi 9 años, el 17 de octubre de 2005, me convertí por primera vez en mamá, aunque sea de otra manera. Hacía tiempo que sentía la urgente necesidad de cuidar de alguien, y decidí adoptar una gatita. Fue el 17 de octubre de 2005 cuando la trajeron a casa, flaca, miedosa, desnutrida, hecha una penita, para que yo pudiera quererla, sanar su cuerpo y su corazoncito. Mi preciosa y flacucha Audrey. Y ella me dio a mí mucho más de lo que haya podido recibir.

Desde hace meses le digo a Audrey que le estoy preparando un regalo muy especial para nuestro aniversario. Espero que le guste…

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Asustada

Hace tiempo que no os hablo de mi situación laboral. Hace unas semanas que terminó mi contrato en el cole (le dieron el alta inesperadamente a la profe a la que sustituía). Pues bien, la semana pasada un antiguo compañero de otro cole contactó conmigo: en la academia en la que da clases por la tarde necesitaban a alguien para sustituir solo por un día a la profe de lengua que da los cursos intensivos de selectividad. Le dije que sí y le di las gracias, era trabajo, dinero para el ajuar del bebé y un nuevo contacto laboral.

A principio de esta semana fui a la academia a recoger los papeles e informarme. Me dijeron que serían muchos grupos, pero que aún no podían confirmarme horarios porque estaban en período de matriculación. Y yo me quedé muy contenta, sin saber lo que me esperaba.

Acaban de llamarme. Me dicen que seguro ya tengo todo el horario de mañana cubierto (de 8 a 15 con un pequeño recreo de 10 minutos), y que seguramente también tenga todo el horario de tarde (de 15:20 a 20). Eso significa 12 horas de trabajo con solo 20 minutos para comer y dos pequeños recreos de 10 minutos. ¡Cuando me dijeron que eran muchos grupos no me imaginaba esto!

El trabajo es mañana, es demasiado tarde para dejarlos tirados, pero estoy muy, muy asustada. No sé si voy a ser capaz. Mañana cumplo 20 semanas de embarazo y me fallan las energías en cuanto hago un esfuerzo… No sé qué hacer, ni si puedo hacer algo para sobrellevarlo lo mejor posible…

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Socializando

Cosas que pasan: una noche va tu marido y llega a casa diciendo que está hecho polvo, que no le apetece ni cenar, se zampa una natilla de la nevera, te da un beso y te dice que necesita irse a la cama. Y claro, tú lo entiendes mejor que nadie (sabes que anoche no pegó ojo), así que le deseas que descanse y te quedas sola en el salón con tu ordenador.

La verdad es que estudiar más no te apetece nada, así que decides investigar sobre algo que te intriga hace algunas semanas: cómo será eso de hacerse una página en Facebook. Y una cosa lleva a la otra, y acabas con página de Facebook, cuenta de Twitter y de Google+. Menos mal que lo has hecho en caliente, porque no te has parado a pensar que eso a lo mejor va a quitarte un tiempo que no tienes.

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Sea como sea, está hecho, así que solo me quedaba contároslo: a partir de ahora, podéis seguirme en Facebook, en Twitter y en Google+. Perdonadme los fallos que pueda cometer, y os agradezco cualquier consejo que podáis darme en esta nueva aventura… ¡Un besazo a todos! 😉

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Nombres en clave

Hace mucho tiempo que envidio a algunas de las mamás blogueras a las que sigo los nombres molones que les tienen puestos a sus parejas y a sus peques. Me resulta raro escribir siempre sobre el futuro papá de mi peque como «mi marido», pero es que no se me ocurre cómo llamarlo. Y lo mismo me pasa con nuestro bebé.

Mi marido tiene un nombre muy original, demasiado original, un nombre que ostentan muy poquitas personas en toda España, de modo que no quiero decir su nombre porque desaparecería la privacidad. Sí, vale, yo firmo aquí con mi nombre real, pero es que mi nombre es mucho más común… Tampoco me convence lo de la inicial porque en su caso la inicial sola no queda bien… Así que ando a la búsqueda de un mote, de un nombre en clave, para poder llamarlo.

En cuanto al bebé, ya sabemos cómo se llamará tanto si es niño como si es niña. Si es niño llevará el nombre de su papá (que conste que yo estoy en contra de repetir nombres) seguido del nombre de mi padre, que, como el mío, es mucho más normal. Si es niña llevará el nombre que yo elegí hace ya muchísimos años. No sé si, como Rural Baby Project, os daré el nombre cuando sepamos el sexo. De momento me inclino más por un seudónimo, ¿pero cuál?

El bebé ya tiene un seudónimo. Empezó como una broma entre nosotros y se le ha quedado. Mi marido y yo tenemos un nombre para jugar juntos a videojuegos y similares, un nombre que es la mezcla exacta de los nuestros: mitad del suyo y mitad del mío. Y claro, el bebé es justamente eso y lo llamamos así. Pero no puedo deciros cuál es ese nombre sin daros pistas sobre el nombre del papá… y vuelta a empezar.

A lo mejor ambos nombres podrían estar relacionados, o puede que no… Y así llevo varios meses, dándole vueltas al tema mientras el número de entradas en el blog aumenta.

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Miedos de primeriza (I): algo que no haya notado

Hace tiempo que tengo ganas de hablaros de mis mayores miedos de primeriza.

Como no quiero crear expectación, no los voy a exponer de forma ordenada. Empiezo por uno que más que un miedo es una inquietud, una pequeña intranquilidad que me asalta de cuando en cuando, pero que en estos días se ha vuelto algo más frecuente. Mañana o pasado os hablaré de otro miedo que sí me preocupa de verdad, hasta el punto de quitarme alguna vez el sueño.

worriedMi primer miedo es el siguiente: me preocupa que algo haya salido mal y yo ni siquiera lo sepa. Yo escucho muchísimo a mi cuerpo y me informo exhaustivamente sobre las cosas, de modo que desde el principio fui muy consciente de las posibles señales de alarma con el embarazo y qué debía hacer en cada caso. Pero ninguna de esas cosas ha pasado, por suerte. Eso parece un indicio más que razonable de que todo anda bien.

Sin embargo, a veces me intranquiliza pensar en algunas historias que me han contado (la gente tiene mucho tacto) de Fulanita, que estaba de tres meses y abortó sin tener ningún síntoma, simplemente se hizo una eco y no había latido. Me pregunto si realmente puede pasar que algo vaya mal y yo ni siquiera lo note. Y ahora que mis síntomas de embarazo son casi inexistentes, este miedo ha aumentado, ¡parece una tontería, pero cómo reconforta sufrir náuseas cuando piensas que es porque tienes un pequeñín dentro!

Por suerte, solo faltan cuatro días para mi ecografía, que probablemente van a ser cuatro días de nervios. Dentro de cuatro días podré quedarme más tranquila… espero.