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Diario de una mamá opositora

Mamá opositoraHan sido muchos meses alternando el estudio con otras muchas cosas: trabajo, segundo trabajo, clases particulares, casa, embarazo  todos sus momentos especiales… Ha sido también una dura semana, esa en la que por fin cerré las puertas a todo lo demás y me dediqué en exclusiva a estudiar. Cuando estás embarazada, eso de dormir solo seis horas para levantarte a estudiar (menos de cinco el día del examen) es toda una hazaña. Pero tienes que hacerlo y lo haces. Y por fin llegó el examen, y después de él el merecido descanso. No sé cuántas horas de siesta me pegué ayer, pero os aseguro que no me quitaron en absoluto las ganas de dormir por la noche.

Las oposiciones estuvieron cargadas de anécdotas. Lo primero, el acto de presentación (de asistencia obligatoria, o pierdes el derecho a examen). Nos iban llamando por nuestro nombre para que, identificados con nuestro DNI, pasásemos a la sala donde la directora de nuestro tribunal iba a darnos las normas y explicarnos el proceso. Pues bien, cuando llegó mi turno y acudí presurosa con mi DNI, el profesor que estaba pasando lista (al que además admiro un montón, porque es eminente miembro de la blogosfera de profesores 2.0) me miró la barriga y dijo: «He dicho que los opositores pasan sin acompañante». Risas.

El acto de presentación fue bien, el tribunal me gustó, la media de edad de sus miembros es bastante baja (creo que al que menos le faltan quince años para jubilarse y había varias personas muy jóvenes) y la presidenta insistía en que luchásemos hasta el final, que ellos también pasaron por esto y se acuerdan de lo durísimo que es, que van a intentar ser justos, que pensemos que solo aprobar el primer examen supone entrar en la bolsa de trabajo… En general todo muy bien, aunque nunca se sabe. He escuchado de muchos tribunales aparentemente molones que luego han hecho una carnicería.

Y llegó el día del examen. Yo, concentrada y sorprendentemente tranquila (ni una tila he tenido que tomarme en todo el proceso, yo, que soy un manojo de nervios). Estuve repasando hasta el final, mientras decían los nombres de los primeros opositores en entrar al examen. Guardé los apuntes, entré en la sala con mis 3 bolis, mi botella de agua, mi brick de zumo, mis cuatro galletas y mi puñado de caramelos (por suerte, nos permitieron pasar comida para aguantar esas cinco horas y media).

Yo tenía todos los números a mi favor. El número de tribunal es mi número de la suerte, y las estadísticas eran bastante buenas. No sé si sabéis que los opositores somos muy dados a las estadísticas, y con ayuda de programas calculamos las probabilidades que hay, sacando X bolas, de que te caiga un tema que has estudiado… Pues bien, mis estadísticas eran las siguientes: tenía un 52,6 % de posibilidades de que me saliera un tema de los que llevaba requetebién estudiados, un 73,69 % de que me saliera uno que me había estudiado aunque no fuera de los mejores y un 92,83 % de que saliera al menos uno que había resumido y personalizado, aunque no me lo hubiera estudiado, que tirando de memoria e inventiva algo se podría hacer.

Llegó el turno del sorteo de las bolas y pasó lo que tenía que pasar. En este caso, lo que tenía que pasar era malo. Ninguna de las bolas estaba entre mis temas resumidos, es decir, ese 7,17 % fue el que ganó. Es más, fueron todos temas que no había dado en mis cinco años de carrera ni durante mi doctorado. Tirándome de los pelosBueno, en realidad sobre uno de ellos me hablaron durante dos horas de clase en tercero de carrera, allá por el 2001. Horror, terror y pavor. Consideré tirar la toalla, total… Me puse a garabatear en una hoja en sucio los cuatro datitos de cultura general que recordaba sobre el tema (como comprenderéis, totalmente insuficiente, como si para hablar del Quijote solo supiese decir que tiene dos partes y que sus personajes principales son Don Quijote y Sancho) y casi me echo a llorar. Me pongo a mirar los ejercicios de comentario, cuatro a elegir dos, no eran fáciles del todo pero me veía capaz de intentarlo… Así que decidí empezar por ahí y seguir pensando.

En este examen, hay dos partes: la parte A (comentarios) y la parte B (tema). La nota media de los dos debe ser superior a 5 para poder pasar a la siguiente fase, y ninguna de las dos partes puede estar puntuada con menos de 2,5. Pensé, entonces, que si hacía una parte A razonablemente buena y conseguía luchar por un 2,5 en el tema, aún me quedaban esperanzas. Así que peleé. El primer comentario, creo que prácticamente bordado, y el segundo con fallos (carencias mías) pero creo que razonablemente bien. Mientras hacía los comentarios, recordé uno o dos datos más sobre el tema, y luego lo escribí vendiendo muchísimo la moto, tirando de recursos y palabrería, citando manuales y haciendo referencias al potencial docente del tema… Lo hice lo mejor que pude dadas las circunstancias.

Sobre el embarazo y el examen, muy bien. La chiquituja fue muy buena y se estuvo quietecita casi todo el examen, y pude salir dos veces al baño acompañada de una miembro del tribunal muy amable.

Mi sensación al salir… Pues estoy un poco frustrada por la mala suerte (en el tribunal de al lado, cayeron dos de mis temas favoritos y uno que también había resumido), pero muy muy contenta y orgullosa de mí misma. Me propuse pelear y lo hice con todas mis armas. ¿El resultado? Sinceramente no me veo capaz de predecirlo. Depende del tribunal y de la benevolencia con la que quieran mirar mi examen. No sé si llegaré al aprobado. Si lo consigo, supone la entrada en la bolsa de trabajo y el derecho a hacer el segundo examen. Ya solo nos queda esperar… en una semana sabré más. ¡Cruzad los dedos por mí!

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Ni un momento de respiro

multi-task

Cuando le cuento a alguien que estoy embarazada, una de las respuestas más frecuentes que me encuentro después de las típicas felicitaciones es «Pues ahora a descansar mucho, que el embarazo es muy cansado y cuando nazca el bebé lo tendrás más difícil». Lo malo es que a mí lo de descansar nunca se me ha dado bien, siempre ando metida en algo y lo más habitual es que esté sacando adelante varios proyectos a la vez. Yo no sé estar sin hacer nada. No recuerdo cuándo fue la última vez que me tomé unas vacaciones así, de verdad, de las de no hacer nada excepto tumbarse al sol (o en el sofá) y dedicarse a leer, a ver la tele, a dar paseos, quedar con los amigos y bañarse en la piscina. Estoy casi segura de que fue en mi penúltimo verano de estudiante universitaria. Después siempre ha habido excusa para no tomarse vacaciones: preparar una tesis (esta excusa me duró muchos años), corregir una novela, pintar mi casa, preparar mi boda (nos prometimos en junio y nos casamos en agosto)…

Soy una maestra de la multitarea, pero admito que a ratos tanto trabajo se me hace difícil, especialmente en los últimos meses.

♥ Estoy dando clases particulares de inglés por las tardes: no me pagan mucho pero estando en el paro de alguna parte tengo que sacar un dinerillo. Lo malo es que aparte del tiempo de las clases, le echo también un tiempo de preparación: me lo tomo muy en serio.

♥ Aparte de eso, trabajo como correctora autónoma. Hasta el momento era algo muy irregular, porque durante el año que estuve trabajando en el colegio perdí muchos de mis contactos, pero últimamente me han salido varios proyectos y uno es especialmente importante, con lo que tendré que echarle bastante tiempo.

♥ Después está la casa, hacer las tareas rutinarias, la compra, encargarme de pasear a Lara, preparar la comida…

♥ Estoy ayudando a una amiga a corregir y revisar una novela que ha escrito y este tema también me absorbe muchísimo tiempo.

♥ Y, por supuesto, el blog. Antes escribía de vez en cuando, pero desde el anuncio de mi embarazo tengo tanto que contar que estoy publicando todos los días. No sé cuánto tiempo podré mantener este ritmo, porque lleva más tiempo que el que parece, y luego toca visitar los blogs amigos que siempre cuentan algo interesante… Pero claro, me surgen tantas historias que tampoco quiero que se me acumulen.

♥ La gran perjudicada entre mis tareas es la de estudiar oposiciones. Por fin ha salido el borrador de la convocatoria y se confirma que habrá pocas plazas pero tendremos examen a finales de junio. Con tantas otras tareas acumuladas, he ido retrasándome de una forma increíble en la preparación de oposiciones, de modo que ya no sé muy bien cómo recuperar el tiempo perdido y ponerme un poco al día.

Total, que lo de descansar no va conmigo. Encima, por las noches me levanto para ir al baño y luego me cuesta mucho (a veces, horas) recuperar el sueño y así no hay quien rinda de día. Y todo esto, sin apenas cafeína, porque me he pasado al descafeinado y algún té que otro. ¡Socorro!

Estado
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En Andalucía han anunciado que convocarán oposiciones, ofertarán plaza de pocas especialidades pero entre ellas está Lengua y Literatura. Son 50 plazas en toda Andalucía. Casi todo el mundo opina que es una miseria; yo intento pensar que es una oportunidad. Tengo que ir a por todas.

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Las dichosas oposiciones

studyEste verano, preparando mi boda y justo después de haberme quedado sin trabajo, decidí que este nuevo curso tenía que estudiar oposiciones.

En el colegio pasé momentos duros y difíciles. Por una parte, yo soy muy dada a entregarme en exceso a mis proyectos, era mi primera vez dando clase durante un curso completo y quería prepararlo todo muy bien: cuando no estaba preparando clases, estaba corrigiendo exámenes o redacciones. Por otro lado, mis alumnos algunas veces se las traían y me hacían pasar malos ratos.

A pesar de los malos momentos, me encantaba ser profesora, charlar con los chicos en el recreo, partirme de risa con sus ocurrencias, explicar con mil comparaciones diferentes un concepto que se les resistía, insistir en que evitaran errores que siempre volvían a cometer y, sobre todo, su cara de alegría cuando los felicitabas por su esfuerzo dándoles una buena nota.

Por eso, ante un curso en blanco —me informaron de que no me renovaban en julio, así que pese a los muchos currículos que envié entonces es poco probable que me salga algún trabajo de profesora este curso— decidí que lo mejor era prepararme oposiciones. Lo malo es que con la crisis apenas se convocan oposiciones, y si salen será con pocas plazas. Pero la esperanza es lo último que se pierde, y si no consigo una plaza, al menos quiero intentar entrar en la bolsa de profesores interinos.

Total, que recién casada, a la vuelta de nuestro viaje de novios, desempolvé viejos apuntes y empecé de nuevo a intentar estudiar. Hay días que me va mejor que otros. He empezado con una preparadora que me sirve de mucha ayuda, y eso es un apoyo muy grande. Además, tengo una amiga profesora (de otra especialidad) que no hace más que animarme, y eso es muy importante para mí.

Ahora estoy un poquito agobiada. Nos acabamos de mudar de casa, y por eso no estudié nada la última semana de octubre ni la primera de noviembre. Aunque me esfuerzo por sacar horas siempre que puedo, de momento no consigo ponerme al día. Lo único bueno es que, aunque hay días que me cuesta y no siempre tengo ganas, a mí me gusta estudiar. Me agarro a eso como un náufrago a un trozo de madera. Espero poder decir pronto que ya estoy al día.

Y, dicho esto, voy a seguir estudiando. 🙂