24

El padre de la criatura

Llevo ya varios días queriendo hablaros de probablemente la persona más importante para mí en todo este proceso: mi media naranja, mi compañero hace tres años y medio y mi marido desde hace unos meses, que de pronto acaba de adquirir un nuevo e inesperado (para él) rol: el del padre de la criatura.

Puede parecer una tontería, pero ya se lo he escuchado a varias parejas: vale que no ves tu futuro sin hijos, vale que por los motivos que sean decides que por fin es el momento, vale que te hartas de leer sobre maternidad mientras intentas concebir y muchas conversaciones giran en torno al «¿nosotros esto cómo lo haremos?»… pero cuando te quedas embarazada hay un momento de sorpresa en que casi no te lo crees. ¿En serio? ¿Vamos a ser padres? A las mujeres normalmente ese momento nos dura menos, unos días de no acabar de creérnoslo y ya. Algunos hombres, sin embargo, se pasan en ese estado de incredulidad bastante tiempo.

papáEn nuestro caso, el futuro padre está mitad encantado, mitad en la inopia. Por un lado, le gusta hablar de los avances semanales de nuestro pequeño embrión, le cuenta la noticia a todo el que puede y está especialmente atento y cariñoso conmigo (y eso que ya era cariñosísimo antes). Por otro lado, admite que aún no se hace del todo a la idea y me dice que cuando me vea engordar tal vez lo empiece a ver como algo más real… A ratos alucina en colores cuando se da cuenta de que va a ser padre de verdad (bueno, yo también alucino, pero menos) e intenta hacerse a la idea de cambios de hábitos que tiene que empezar a hacer lo antes posible si no quiere que sean muy duros, pero le cuesta y lo va postergando (menos mal que nos quedan meses por delante). En fin, que de momento le gusta pero le cuesta asumir la nueva etiqueta de «papá». Normal, por otra parte.

Por eso llevo unos días dándole vueltas al coco y he tenido una idea, pero necesito vuestra ayuda. Me gustaría hacerle un regalito por el día del padre. Pero de ahí no paso, no se me ocurre qué regalarle. Lo primero: no quiero que sea un chupete, porque hemos decidido que en principio pasamos de chupetes porque el mejor chupete es la teta. Lo segundo: me gustaría que, evidentemente, fuese algo que le ayude a ubicarse en su nuevo rol de padre. Lo tercero: a ser posible (pero no imprescindible), que sea algo que vaya a disfrutar él o que lo comparta con el bebé, los bodies con mensaje de «mi papá mola» y similares son chulísimos, pero eso servirá para que lo mire y lo guardemos en un cajón. Hasta ahora esa es mi mejor opción, pero ya sería la repera dar con una idea de algo que él pueda mirar, requetemirar y disfrutar. ¡Al fin y al cabo es un regalo para él!

¿Me ayudáis? ¡Por favor, dadme ideas en los comentarios!

23

Los amigos… y mi tristeza

Nuestros amigos han ido enterándose poco a poco de la noticia, algunos (los más íntimos) antes de comentarlo a la familia, unos cuantos más se enteraron después y aún quedan unos pocos por enterarse por motivos muy diversos.

La verdad es que el hecho de contar la noticia siempre ha sido un motivo de alegría y celebración, y tengo el alivio de que de momento nadie ha hecho ningún comentario inapropiado: mi padre ha sido el único en mencionar un embarazo que no terminó bien y nadie ha dicho nada de los animales, por ejemplo, que sé que a veces es un tema espinoso.

En cuanto a la reacción de los amigos, no tengo ninguna queja, es más, me he llevado alguna alegría. Ya os comenté hace poco que me había quedado un poco triste tras darme cuenta de que una de mis pocas amigas con hijos tenía una visión de la maternidad tan diferente a la mía. Pues bien, hace unos días tuve una preciosa conversación con otra de mis mejores amigas del colegio y me estuvo hablando de lactancia, porteo, apego… Ella se llama a sí misma Mamá Pata porque va a todas partes con sus dos patitos pegados a la falda. Fue el subidón que yo necesitaba.

Y pese a todas estas alegrías, en estos días me siento bastante triste. No sé si tendrán que ver las hormonas de embarazada o tal vez el terrible cansancio y las náuseas que me acompañan en estos días, pero a ratos tengo muchas ganas de llorar. Me abruman la responsabilidad y los gastos que se nos vienen encima y me siento muy sola. No tengo relación con mi madre, mi padre me apoya mucho en todo pero no sé cómo será en este aspecto y, aunque aprecio a mi familia política, la sigo sintiendo como postiza. Y los amigos… Mamá pata y mi otra amiga del cole tienen hijos, pero viven en otra ciudad. La mejor amiga de mi marido también tiene hijos, pero vive en otro país. En nuestra ciudad solo están Mami gatuna (embarazada de 16 semanas), a la que veo solo de cuando en cuando, pero con ideas parecidas en cuanto a maternidad y otra amiga a la que quiero muchísimo aunque coincidimos menos en cuanto a puntos de vista. El resto de nuestros amigos aún no han llegado a esa etapa de su vida.

Y hasta aquí puedo razonar, porque si analizo mi tristeza de estos días me doy cuenta de que es mucho mayor de lo que justifican mis (pocos) motivos. Solo espero que si esto es una fase, si es otro síntoma más de mi embarazo, pase pronto, porque estos días se me están haciendo muy duros y difíciles. Me siento muy triste y muy sola.

16

La maternidad según una que no es madre (aún)

Cuando empecé a pensarme en serio lo de ser madre (siempre he sabido que quería serlo, pero había buenas excusas para postergarlo, al fin y al cabo seguía siendo joven) empecé a informarme y a leer todo lo que caía en mis manos sobre el tema. Yo soy igual para todo: me gusta leer mucho, conocer todas las posibles opciones y decidir cuál es la que a mí me convence más.

Lo único que tenía claro antes de empezar a informarme es que odiaba a muerte el método Estivill, que ya conocía porque una pariente lo aplicó con su hija. A mí un método que supone que el niño pase un mal rato y yo también y que al final no me garantiza conseguir algo antes que otros métodos más afectuosos con el niño… lo siento, pero eso a mí no me lo venden. También me atraían mucho las mochilas (los carritos me dan mucho miedo) y me consideraba pro lactancia materna sin saber mucho del tema.

Lo que no me imaginaba es lo que me esperaba. Resulta que hay todo un universo que suele denominarse «crianza con apego», donde no todo el mundo aplica todo, pero a mí, Mariquita la primera, me parecía todo interesantísimo. Lactancia a demanda hasta que el niño y la madre quieran (la OMS recomienda que la leche materna sea el único alimento hasta los 6 meses y que se complemente con otros alimentos hasta los dos años). Madre hippiePorteo. Colecho. Y luego otras cosas no necesariamente relacionadas con la crianza con apego, pero que también molan un montón: enseñar a los bebés a signar para mejorar sus habilidades comunicativas en la época de balbuceo, el «Baby-led weaning» o los famosos pañales de tela que como idea me encantan, aunque no sé si al final me atreveré a probarlos. Todas son cosas en las que seguiré profundizando y de las que seguro que hablaré largo y tendido, bien para defenderlas o para plantear mis dudas. Pero al mismo tiempo son cosas que me hacen sentir que voy a ser una madre muy «Flower power» y que voy a tener que enfrentarme a muchas críticas en mi entorno.

Hace dos semanas estuvieron unos amigos en casa pasando el fin de semana. Tuvimos tiempo de todo, y como son de los pocos que conocen nuestro proyecto de ser padres, acabaron surgiendo temas relacionados con la maternidad. Yo comenté que mi idea era tener en mi cuarto la cuna de colecho el tiempo que hiciera falta, y mi amiga no tardó en explicar que como no sacase al bebé a los seis meses se iba a «malacostumbrar» y que luego iba a ser incapaz de dormir por sí mismo. Como no me esperaba tan pronto este tipo de debates, me justifiqué explicando que la lactancia es más cómoda si se comparte cama. Ese fue mi error: primero me preguntó con los ojos muy abiertos que cuánto tiempo pensaba yo dar el pecho y luego me recomendó que no me obsesionara con estos temas, que podía pasarme como a ella, que no pudo darle el pecho a su niña y eso le supuso un disgustazo.

Yo no quise proseguir la discusión. En parte pienso que no tiene sentido, ya daré explicaciones cuando me las pidan (doy por hecho que, con mis ideas, me las van a pedir). Pero también admito que me da un apuro tremendo darme cuenta de que, aunque pienso que mi amiga cometió algunos errores que impidieron la lactancia de su hija (he aprendido mucho leyendo a Carlos González), no me siento quién para defender ciertas cosas sin haberlas experimentado en mis carnes.

La cuestión es que después de aquella conversación tengo vértigo. Me he dado cuenta de verdad de la cantidad de críticas que tendré que enfrentar, de que muchas de mis decisiones probablemente no se comprendan… Y no me hace ilusión tener que enfrentarme al mundo para criar a mis hijos como creo que es mejor.