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Mi embarazo: semana 21

La semana 21 de nuestro embarazo ha sido muy bonita. Por fin pudimos respirar tranquilos tras nuestra ecografía privada: todo marcha perfecto y nuestro bebé es una niña. Estamos muy contentos y aliviados, aunque un poco enfadados porque seguimos pensando que no hay derecho a que se trate así a unos futuros padres. ¡Pero vamos a centrarnos en lo bueno! ¡Que esta semana ha sido muy especial! 😉

Imagen tomada de babycenter

 Nuestro bebé: parece que de tamaño nuestra chiquituja es más grande de lo normal, así que ya nos hemos perdido con los valores de referencia que aportan los libros. Según ellos, la peque debería medir unos 26,7 centímetros y pesar unos 360 gramos; en realidad mide 29 centímetros y pesa 500 gramos. Hemos podido verla al detalle y eso nos ha dado muchísima tranquilidad, ¡nos pasamos las horas mirando sus fotos! Un detalle curioso es que ya a estas alturas se han formado sus cejas y sus pestañas, el broche de oro para esa carita deliciosa. ¡Estamos deseando comérnosla a besos!

 Aumentando tallas: estoy muy cómoda con la ropa de embarazada. De momento peso solo 2 kilos 200 gramos más que al principio de mi embarazo (antes, 56,7 kilos; ahora, 58,9) y he aumentado una talla de sujetador, aunque esta me está ya muy prieta y no pasará mucho tiempo antes de que compre la siguiente.

 Pataditas ¡a todas horas!: esto me ha sorprendido muchísimo. Había leído que a esta altura del embarazo los bebés pasan casi todo el día durmiendo, y solo seis horas despiertos. ¡Y yo siento movimientos a todas horas! Después de investigar, resulta que en este momento los bebés se mueven muchísimo incluso cuando están dormidos… De momento, tanto movimiento me resulta desconcertante y me distrae de lo que esté haciendo. ¡Es muy extraño! Sin embargo, aún no noto un patrón fijo de movimientos en esta pequeña acróbata.

 Piel seca: la piel de la barriga sigue tirando, pero la mantengo muy hidratada y de momento no he notado ninguna estría. ¡Esperemos que siga así!

 Ombligo redondo: mi ombligo estaba cerrado, era una línea vertical, y semana a semana ha ido abriéndose, hasta que ahora es ya un círculo perfecto. ¡Me resulta muy extraño!

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Mi embarazo: semana 20

La semana 20 empezó siendo emocionante y terminó muy amarga. Al principio, la sensación de haber sobrepasado el ecuador, de que ya hemos vivido la primera mitad del embarazo y que ya lo que queda es siempre menos que lo que hemos pasado… abrumaba la sensación de cuenta atrás. Después, el jarro de agua fría. Como comentaba ayer, nos trataron mal en la ecografía y, aunque ya estamos tranquilos, a mí me ha quedado en el cuerpo una sensación muy desagradable. Siento como si me hubiesen manoseado, me siento agredida. Es un final muy amargo a una semana que tendría que haber sido preciosa. Al menos me queda la esperanza de que la siguiente sea mejor.

Paso, sin más preámbulos, a contaros cómo ha ido la semana. Por suerte, ya tenía gran parte de la entrada escrita antes del mal trago… 😉

Imagen tomada de babycenter

 Nuestro bebé: los libros y páginas que consulto dicen que a las 20 semanas el feto suele medir 25,6 centímetros (desde la cabeza hasta el pie) y pesar 300 gramos. Nosotros hicimos la eco estando de 20 semanas y 5 días, y nos dijeron que medía 21 centímetros y pesaba 360 gramos. Lo dejamos en cuarentena hasta «la ecografía buena». El bebé está desarrollando patrones regulares de sueño y vigilia, aunque aún no siento sus movimientos con tanta frecuencia como para conocerlos. Nos dijeron el sexo, pero no nos fiamos, así que hablaré por los dos: si es niño, sus testículos están empezando a descender hasta el escroto; si es niña, su útero está completamente desarrollado. La placenta ha alcanzado su máximo grosor, y está en pleno apogeo de su actividad: debe proporcionar oxígeno y energía suficientes para que el bebé siga creciendo semana a semana y además hacerse cargo de todos los desechos.

 Barrigón: no hay lugar a dudas, estoy embarazada. Tengo andares de embarazada y barriga de embarazada (pequeña aún, pero ya no puede ser fruto de atracones, pues tiene la forma característica y ya sobresale más que mis pechos).

 Tensión en el vientre: cuando paso un buen rato de pie, noto que me molesta el vientre. Tengo la sensación de que es un dolor de tipo muscular, así que no le doy demasiada importancia. De hecho, si me siento o me sostengo la barriga con las manos siento mucho alivio.

 Piel seca: necesito echarme crema hidratante por todo el cuerpo (yo nunca soy constante con las cremas). La piel de la barriga me tira bastante (los pechos no tanto), así que además del aceite de almendras que uso en la ducha algunos días me pongo crema hidratante de avena antes de dormir. El día de la ecografía no me eché nada (leí en alguna parte que la crema hidratante puede interferir en la calidad de la imagen) y lo pasé fatal, todo el día con sensación de tirantez.

 Encías sangrantes: yo siempre he sangrado un poquito al lavarme los dientes, pero ahora mismo es pasarme el cepillo y parezco Hannibal Lecter. Me resulta un poco incómodo, ¿debería comprar un cepillo de dientes más suave para estos meses? Normalmente uso el de dureza media.

 Soy una glotona: tengo mucha hambre y no dejo de picotear, y claro, estoy engordando todo lo que no engordé antes. De momento sigo por debajo del peso permitido, pero claro, si tenemos en cuenta que al principio perdí peso, no hay que despreciar la subida de estas últimas semanas. Me consuela saber que también contribuye la ansiedad: en pocas semanas me examinaré de las oposiciones y claro, me da por comer. Cuando todo pase, tendré más tiempo para hacer ejercicio y dieta sana.

 Sentimientos inexplicables: no he sufrido muchos cambios de humor en el embarazo, pero ahora, cuando los libros dicen que suelen estabilizarse poco a poco, yo me doy cuenta de que mis sentimientos no siempre concuerdan con mis pensamientos o mi estado mental. Me ha pasado varias veces, de pronto tengo ganas de llorar sin ningún motivo. Estoy sola, en medio de una tarea, y de pronto me siento triste. Es desconcertante.

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No hay derecho

Los lectores habituales del blog sabéis que estoy embarazada de 20 semanas y 6 días y que ayer teníamos cita para la ecografía doppler morfológica que suele hacerse a las 20 semanas. La que podría haber sido una tarde emocionante y agradable se convirtió en una experiencia negativa solo por la falta de humanidad, empatía y respeto en una supuesta profesional de la salud. Escribo ya desde la calma relativa que me produce haberme informado, pero no quería dejar de compartir mi experiencia, sobre todo con la esperanza de que sirva a otras mujeres que, desgraciadamente, puedan verse en mi misma situación.

Antes de nada quiero tranquilizaros: parece que todo está bien, y digo «parece» porque, aunque he leído toda la información que ha caído en mi manos y he consultado a todas las personas a mi alcance con una remota relación con la medicina, en el fondo me queda algo de intranquilidad que en mi cabeza sé que solo es fruto del mal trato recibido, que me ha provocado una sensación de indefensión e inseguridad que ninguna persona debería sufrir. Afortunadamente, la semana que viene teníamos concertada una ecografía privada con un experto en diagnóstico prenatal por otros motivos, y sé que saldré de la consulta completamente segura de cómo anda todo dentro de mi útero.

Tengo que aclarar que la experiencia que voy a relatar me ha sucedido en la sanidad pública, pero que hasta ahora mi experiencia en este aspecto ha sido estupenda y no ha cambiado mi opinión al respecto. Creo que la sanidad pública tiene estupendos profesionales que son un ejemplo de buen hacer, de trabajo duro y de respeto al paciente. Estoy encantada con mi médica de cabecera, mi matrona es fantástica e incluso el ATS que me ha sacado sangre esta mañana ha sido todo un ejemplo de delicadeza. Pero malos profesionales los hay en todos lados y yo tuve la mala suerte de que me tocara una.

La ecografía me la hizo una mujer joven que al parecer tenía mucha prisa, porque nos atendió deprisa y corriendo. Por la mañana me había llamado la enfermera informándome de que se había quedado un hueco a las cuatro de la tarde, por si podía ir antes; yo le dije que lo sentía muchísimo, pero que mi marido había tenido muchas dificultades para cambiar el turno en el trabajo y que solo podía ser a la hora que nos habían citado inicialmente. No sé si lograrían llenar ese hueco con alguna otra paciente y se iban ya o si tenían muchas ganas de acabar con las que quedábamos, el caso es que la ecografía no pudo ser más rápida.

Después de una aceleradísima enumeración de partes del cuerpo en que nosotros apenas tuvimos tiempo de ver nada («Esta es la cabeza con los ojos, esta es la barriga, este es el fémur y este el corazón») nos soltó el sexo sin siquiera preguntar si queríamos conocerlo (permitidme que de momento me lo calle, porque no nos hemos quedado muy convencidos dada la prisa con que lo miró y lo mal que nos atendió, preferimos esperar a confirmarlo). Y entonces soltó la bomba. «Vais a tener que dejarme vuestros datos y os llamarán para hacer otra ecografía. El bebé tiene unos quistes en el plexo coroideo, en el cerebro, y el estómago vacío, y tenemos que volver a observarlo». Nos dejó paralizados, tanto que yo me dejé el gel a medio limpiar, volvió a soltarnos dos datos rápidos (mide 21 centímetros y pesa 360 gramos) y, quedándose tan ancha, se fue a su mesa a rellenar el informe.

Cuando nos sentamos frente a su mesa empezábamos a procesar la información a duras penas, y le hicimos mil preguntas. Sobre todo, qué significaban esos quistes, si eran señal de alarma, si algo podía ir mal, si debíamos preocuparnos, cuándo nos harían esa ecografía… Y también si el estómago vacío era mala señal, si es que el bebé no tragaba líquido amniótico… La mujer seguía rellenando el informe como si nada, y apenas nos soltó un «Es signo de inmadurez, tenemos que volver a verlo» y un «No sé cuánto tardan las ecografías, ya os llamarán». Por más que le preguntábamos, no había quien la sacara de ahí. Yo me apagué, estaba al borde del llanto, y mi marido seguía insistiendo sin ningún éxito. En cuanto ella rellenó los papeles nos despachó secamente y nos dejó con el corazón en un puño y muchas ganas de llorar.

Salimos a la calle con cara de funeral, paramos en la primera cafetería que vimos, pedimos un café y un zumo (ya no nos apetecía nada más) y empezamos a usar nuestros recursos. Un twitter a matronaonline, un whatsapp a una amiga enfermera y consultando internet a cuatro manos en busca de información.

Lo que más nos preocupaban eran los quistes (¡qué palabra tan fea para soltar con esa ligereza!). Poco a poco, pusimos la información en pie. Los plexos coroideos son un área del cerebro que no afecta a la inteligencia ni a la funcionalidad, sino que se encarga de nutrir con un cierto líquido al cerebro y a la médula espinal. A veces se forman unas pequeñas bolsas de líquido en el plexo, que se denominan quistes. Están presentes en entre un 1 y un 3 % de los fetos de 20 semanas, y al parecer en la inmensa mayoría de los casos se reabsorben solos  entre la semana 24 y la 28 porque suele ser parte del desarrollo del cerebro, que no siempre es igual ni sigue el mismo ritmo en todos los bebés.

Este tipo de quiste podría ser una señal de alarma en el caso de que se observaran otras anomalías (y el estómago vacío no es una de ellas): malformaciones en el corazón o en alguna de sus cuatro válvulas o defectos en la funcionalidad del mismo, malformaciones en manos y pies, labio leporino… Todo ello podría ser indicador de una posible trisomía 18, para la que en el cribado del primer trimestre obtuvimos un riesgo de 1/90574021 (y se considera riesgo positivo 1/150). Sin embargo, si dichos quistes se presentan de forma aislada, no deben ser considerados señal de alarma, sino más bien de algo a observar para asegurarse de que tienen una evolución normal, pero no es en absoluto algo por lo que preocuparse. Os detallo la información que he encontrado, con la esperanza de que os resulte útil:

Resumiendo, al parecer es algo que hay que observar para mayor tranquilidad, pero no constituye en absoluto una señal de alarma. ¿Tanto trabajo le costaba a esa señora comunicárnoslo así?

En cuanto al estómago vacío, parece que no es anormal que esté así, suele vaciarse y llenarse con frecuencia y lo normal es prolongar la exploración o repetirla pasada una media hora, y entonces el estómago suele estar lleno. Si no se llenase, entonces sí habría que descartar otros problemas, por ejemplo en el esófago. ¿Por qué a mí no me dijeron eso? ¿Por qué no me hizo esperar un rato en la sala de espera para quedarnos tranquilos sobre la marcha?

Ahora estamos tranquilos, pero nos sentimos mal tratados, vulnerados en nuestros derechos. Un embarazo respetado es aquel en que se comprende que la embarazada es un ser humano con derecho a que se le trate con dignidad (que no es lo mismo que educación). Lo mínimo que se merece una persona a la que se está explorando es información, siempre, pero especialmente si la reclama. Negar la información que se solicita solo puede provocar estrés y desazón, y todos sabemos que una embarazada debe evitar someterse a estrés, especialmente de forma innecesaria. Ayer pude leer algunos avances en los posibles efectos del estrés en el feto.

Quiero pediros un favor si habéis tenido la paciencia de leer esta entrada: difundidla. Si he contado mi experiencia ha sido con la intención de que ninguna otra mujer pase por el calvario que pasé yo ayer, por reclamar el derecho a la información y al respeto, y porque esta información esté accesible para cualquiera que reciba el mismo diagnóstico. Muchas gracias.

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Haremos una ecografía privada

Hace unos meses, os explicaba por qué habíamos decidido no hacer más ecografías que las imprescindibles. Ahí os comentaba:

hemos decidido que solo nos haremos las ecografías de rutina que recomienda la sanidad pública y valoraremos hacer alguna más si por algún motivo médico nos lo recomiendan.

Pues bien, recupero esa idea para explicaros que, finalmente, nos hemos decidido a hacer, por motivos médicos, una ecografía extra con un ginecólogo privado.

Como sabéis, en principio nada hace sospechar que en mi embarazo haya algo que ande mal: todas las pruebas han dado buenos resultados y yo me encuentro estupendamente. Sin embargo, hay algo que me parece que no os he comentado hasta ahora: tengo un pariente directo con un síndrome genético extremadamente raro, por el cual ha tenido que pasar por quirófano bastantes veces desde que era muy bebé. Yo tengo un 50% de posibilidades de tener ese gen recesivo (la mutación debe producirse en ambos genes del par), y ya sería mala suerte que mi marido también tuviera ese gen latente y encima ambos se lo hubiéramos transmitido al bebé. Nadie en su familia ha estado enfermo, pero en mi familia tampoco lo había estado nadie antes de este pariente. Total, que no estamos preocupados pero nos gustaría quedarnos completamente tranquilos.

La mayoría de personas nos aconsejaban que solicitásemos una amniocentesis, que nos podría dar esta información de forma fiable, pero esta prueba implica unos riesgos que nos cuesta asumir, especialmente si los resultados de las pruebas hechas hasta ahora son excelentes. Por eso, aunque informé a la matrona de esta circunstancia en la primera visita, no le he vuelto a sacar el tema.

Es posible que si hay algo de qué preocuparse salga a la luz en la ecografía de la semana 20 (morfológica): parte de los rasgos de este síndrome son defectos cardíacos graves, polidactilia y malformaciones en boca y encías. Pero aún así, hemos oído hablar de un ginecólogo y ecografista con un excelente prestigio (se le considera uno de los mejores de España) que es experto en diagnóstico prenatal de todo tipo de problemas, que se coordina con clínicas privadas y con el hospital público más reputado en UCI neonatal de mi ciudad y que al parecer ha asesorado con anterioridad a equipos quirúrgicos en el caso de que fuera necesaria una cirugía intrauterina o justo después de nacer.

Llamé a su consulta hace semanas y les informé de mi caso. He de decir que el trato fue excelente en todo momento. El doctor quiso investigar sobre la enfermedad en cuestión antes de asesorarme. Finalmente, decidimos que el mejor momento para realizar la ecografía es en la semana 21, una semana después de la ecografía morfológica en la sanidad pública. Hará una ecografía 3D para observar uno a uno todos los órganos, su morfología y el riego sanguíneo que les llega, y así podrá decirnos con bastante fiabilidad si tenemos algo de qué preocuparnos.

He de añadir que esta consulta va a salirnos cara, pero que lo consideramos dinero bien gastado si tenemos en cuenta que nos dejará bastante tranquilos. Ya os contaré qué tal sale todo…

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Segunda visita a la matrona

Ya tenía yo ganas de que llegara la segunda visita con la matrona. No es que me preocupara nada en especial, simplemente esta mujer me ha dado mucha confianza y sabía que iba a darme mucha información, las fechas de mis próximas pruebas y, sobre todo, que me iba a dejar muy tranquila. La matrona retrasó mi visita porque estaba haciendo un curso de formación (lejos de molestarme, me causa buena impresión que a su edad y con su experiencia siga formándose, es indicio de profesionalidad) y a cambio nos hizo el favor de recibirnos fuera de su horario habitual de visita, ya que no le quedaban horas disponibles que coincidieran con el tiempo libre de mi marido, al que no dejan salir del trabajo para este tipo de pruebas.

matronaLo primero que hizo fue pedirme los resultados de los análisis para mirarlos con detenimiento. Todos los resultados le parecieron muy buenos, con un único matiz: me comentó que la tiroides suele subir un poco con el embarazo, y que normalmente solo se considera preocupante como para poner tratamiento a partir de 4,00. Mi valor es de 2,75, muy lejos de esa cifra y muy buen valor para una embarazada, pero aún así ligeramente alto. Por eso quiere asegurarse si, como es normal, baja a lo largo del segundo trimestre. Por eso ha pedido un análisis de función tiroidea para la semana 20, y a partir de esos resultados veremos si hay que repetirlo hasta que comprobemos la bajada esperada.

Después de eso, me tomó la tensión (perfecta, 9 – 6) y me pesó. No le preocupa que aún no haya ganado peso, especialmente al comentarle yo que gracias a su dieta he regulado mi estreñimiento y reducido la ingesta diaria de aceite de oliva. Dice que a partir de ahora sí debería ganar algo de peso, pero sin agobiarnos: lo iremos viendo poco a poco.

Después me hizo tumbarme en la camilla para hacerme un doppler y comprobar el latido del corazón del bebé. Tras un buen rato de ruidos extraños, empezamos a escuchar su latido, fuerte y rápido. Fue un momento muy emocionante, aunque nos sorprendió lo rápido que sonaba, ¡como si acabase de correrse una maratón! No hacía más que moverse, de manera que la matrona perdía el latido y tenía que volver a buscarlo muy a menudo. Nos confirmó que todo estaba bien, nos permitió unos segunditos para darnos la mano emocionados y me dijo que podía levantarme.

Después de eso repasó con nosotros las normas de alimentación, nos dio consejos para posibles efectos secundarios en esta etapa del embarazo, nos mandó el segundo o’Sullivan y un urocultivo para la semana 24 y fijó también nuestra tercera visita con ella para la semana 24.

¡Ah! Aproveché para preguntarle por el complejo vitamínico comercial que nos había mandado el obstetra a partir de junio… y nos comentó que ella como matrona no puede contradecir al médico, que esas vitaminas no vienen mal a nadie… pero que con lo que me mande la médico de cabecera tengo cubiertas de sobra mis necesidades, y si surge algo más me mandarán lo que haga falta. A buen entendedor…

En fin, que como imaginaba salimos de la consulta de la matrona muy contentos y muy tranquilos. 🙂

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Mi embarazo: semana 15

Las hojas del calendario pasan rapidísimo. Recuerdo lo lentas que se me hacían las semanas al principio. Ahora lo veo de otra forma: la semana que viene tengo la segunda cita con la matrona y falta solo un mes para la próxima ecografía, ¡si aún estoy disfrutando las sensaciones de la primera! Hoy cumplo 16 semanas, ¡cuatro meses!, y tengo la sensación de que todo va muy deprisa.

Imagen tomada de babycenter

 Nuestro bebé: últimamente crece un montón, en la semana 15 son ya 10,1 centímetros y 70 gramos (siempre me resulta extraño daros estas medidas en el balance semanal, porque lo hago el día que cumplo una semana más y las medidas de hoy en realidad son aún mayores). La semana anterior se alargaron sus brazos y esta lo han hecho sus piernas, que ya están proporcionadas con el resto de su cuerpo. Aunque tiene los párpados cerrados, es sensible a la luz muy fuerte, ¡aunque con la ropa no creo que le llegue nada de luz hasta que yo empiece a tomar el sol! El cuero cabelludo está cobrando forma y se desarrollan sus pestañas y sus cejas. Al parecer aún no escucha los sonidos externos, pero sí los del interior de mi cuerpo. ¡Por si acaso le hablo y le canto todo lo que puedo!

 La barriga sigue creciendo: hace unos días publiqué una foto de perfil. Cada vez más personas me dicen que ya se me nota. Y mi ombligo, que antes estaba completamente cerrado (era básicamente una pequeña línea vertical) empieza a abrirse.

 Más granitos: los granitos han vuelto a salir, parece que es un efecto secundario del embarazo…

 Incómoda: mi barriga aún no es voluminosa, pero ya me resultan incómodas algunas posturas habituales en mí. Tengo dificultades para dormir, ¡yo siempre he dormido bocabajo! Y me molesta el cinturón de seguridad del coche (hoy una amiga me va a prestar un adaptador de cinturón).

 Tests estupendos: Todas las pruebas del primer trimestre han tenido excelentes resultados, así que tenemos un motivo de celebración.

 ¿Niño o niña?: esa es la preocupación de todo el mundo, y vaya cara de decepción ponen cuando digo que aún falta un mes para saberlo. Mis amigas apuestan porque es una niña, pero claro, ¡tienen un 50 % de posibilidades de acertar!

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Los resultados de las pruebas

Hoy pensaba escribir para contaros que ayer me dieron los resultados de la prueba del azúcar, ¡pero es que encima al llegar a casa me he encontrado el temido sobre con los resultados del cribado combinado.

No voy a haceros sufrir, ¡todo está perfecto! Los valores de la prueba de glucosa son normales y los riesgos que valora el cribado están muy lejos del positivo, ¡tan lejos que me he quedado alucinada con las cifras! Por ejemplo, para la trisomía 18 y 13 conjunta el riesgo se considera 1/150, sin embargo mi bebé presenta un riesgo de casi 1/168 millones! Me he quedado a cuadros cuando lo he leído, y, la verdad, muy tranquila.

Aunque el momento de mirar el sobre ha sido un mal ratito, ahora estoy encantada y súper feliz. ¡Que paséis una gran semana! 😀